En el barrio La Favorita se desarrolló el taller “Cómo cuidar y ser cuidado: desde los vínculos, la práctica y la experiencia”. Se trató de una iniciativa que promovió el intercambio, la reflexión y la construcción colectiva entre cuidadoras de la comunidad. La actividad tuvo lugar en el Jardín Primeros Pasos y se llevó adelante a lo largo de cuatro encuentros realizados entre los meses de noviembre y abril.
La propuesta convocó a grupos de entre seis y diez participantes por jornada y formó parte del trabajo de campo del proyecto de investigación “Intervenciones estatales y experiencias de cuidado familiar y comunitario en la Ciudad de Mendoza”. Este estudio fue cofinanciado por la Universidad del Aconcagua y la Ciudad de Mendoza. Y se desarrolló en el ámbito del Departamento de Promoción de la Comunidad, dependiente de la Dirección de Gestión Social de la Secretaría de Gobierno.
El taller se planteó como un espacio experiencial, alejado de los formatos tradicionales de capacitación, donde la escucha activa y el diálogo fueron ejes centrales. A partir de consignas abiertas como “Cuidar es…”, las participantes pudieron expresar sus vivencias, identificar necesidades y construir definiciones colectivas sobre el cuidado en la vida cotidiana.
Durante el primer encuentro, denominado “El cuidado como punto de partida”, las cuidadoras seleccionaron imágenes que representaban distintas dimensiones del cuidado, como el afectivo, el cotidiano, el ambiental y el autocuidado. En las instancias posteriores, estas miradas se profundizaron mediante dinámicas grupales que permitieron compartir emociones, estrategias y aprendizajes.
El equipo a cargo estuvo integrado por profesionales de la psicología y el trabajo social, quienes acompañaron cada encuentro con una perspectiva situada en el territorio. La propuesta contó además con la aprobación del Comité de Ética en Investigación en Salud de la Universidad del Aconcagua (Resolución N° 06/25), que avaló su enfoque metodológico y ético.
La experiencia generó espacios de contención y escucha que funcionan como factores protectores frente a situaciones de estrés y otras problemáticas sociales. Asimismo, permitió poner en valor los saberes cotidianos de las participantes y fortalecer la dimensión colectiva del cuidado, promoviendo la conformación de redes de apoyo entre las propias cuidadoras.
Como resultado, se construyó una “red de compromiso” que incluyó acuerdos y acciones concretas orientadas a mejorar las prácticas de cuidado en el entorno comunitario. Este proceso favoreció que las mujeres se reconocieran como protagonistas de sus propias trayectorias y agentes activas en la construcción de bienestar.









