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Una multitudinaria Peña en la Ciudad convirtió la Nave Cultural en el gran patio cuyano de Mendoza

Cientos de vecinos, vecinas y turistas colmaron la Sala 1 y los jardines de la Nave Cultural para disfrutar de una jornada atravesada por el folclore, la danza, la gastronomía regional y el encuentro. La propuesta reafirmó el valor de las tradiciones como espacio de celebración colectiva.

Los primeros acordes apenas comenzaban a sonar cuando ya era evidente que la invitación había encontrado respuesta. De a poco fueron llegando familias enteras, grupos de amigos, parejas y turistas, algunos con el mate bajo el brazo, otros con pañuelos listos para bailar. Bastó que las guitarras marcaran el ritmo para que la Nave Cultural dejara de ser un edificio y se transformara, una vez más, en un inmenso patio cuyano.

Así transcurrió este domingo una nueva edición de Peña en la Ciudad, la propuesta de la Capital mendocina que volvió a reunir a cientos de personas alrededor de aquello que mejor identifica a nuestra tierra: la música, la danza y el encuentro.

El sol acompañó durante toda la jornada, iluminando los jardines y la Sala 1, donde el movimiento fue constante desde el mediodía hasta el atardecer. Los tablones se poblaron rápidamente de mates compartidos, sopaipillas recién hechas y conversaciones que se mezclaban con el sonido de bombos y guitarras.
A pocos metros, el patio gastronómico invitaba a recorrer los sabores típicos de la región, completando un paseo pensado para disfrutar sin apuros.

Pero el verdadero corazón de la peña estuvo, como ocurre en cada encuentro folclórico, en la pista improvisada frente al escenario. Allí no hubo diferencias de edad ni de experiencia. Niños que ensayaban sus primeros pasos, jóvenes que se animaban a cada chacarera y adultos mayores que parecían conocer de memoria cada compás compartieron el mismo espacio, unidos por la música.

Con pañuelos blancos dibujando figuras en el aire y botas marcando el ritmo sobre el piso, el público convirtió cada interpretación en una celebración colectiva. Nadie esperaba una invitación formal para salir a bailar; alcanzaba con que sonara una zamba o una cueca para que nuevas parejas ocuparan el centro de la escena.

La música en vivo estuvo a cargo de los grupos Thierra y Labriegos, que sostuvieron el clima festivo durante toda la tarde con un repertorio profundamente arraigado en la tradición popular. Entre canción y canción, el público acompañó con palmas, coreó las letras más conocidas y respondió con los clásicos vivas cuyanos que terminaron envolviendo cada presentación.

Cuando llegaba el turno de los cuerpos de danza, la pista se abría naturalmente para dar lugar a los artistas. Entonces el silencio expectante daba paso a una nueva ovación. Cada cuadro coreográfico encontraba su reconocimiento en un aplauso sostenido que celebraba tanto la calidad artística como el compromiso de quienes mantienen vivas las expresiones del folclore argentino.

El Ballet Folclórico Municipal protagonizó uno de los momentos más destacados de la jornada con una puesta que recorrió distintos paisajes culturales del país. Lo acompañaron el Ballet Juvenil y el Ballet Mayor de la Ciudad de Mendoza, junto a los ballets municipales de Las Heras, Guaymallén y Godoy Cruz. Como agrupación invitada participó también el Ballet Sangre Cuyana, aportando toda la fuerza de las danzas tradicionales.

La emoción llegó de la mano de las voces jóvenes. Anahí Quilpatay, Brisa Adaro y Milagros Moyano, integrantes del Taller de Canto Municipal, conquistaron al público con interpretaciones que combinaron sensibilidad y potencia, confirmando el crecimiento de nuevos talentos locales.

Entre actuación y actuación, los sorteos aportaron momentos de distensión que mantuvieron al público atento y participativo, sin perder nunca el clima festivo que dominó toda la jornada.

Con el correr de las horas, la Peña en la Ciudad fue adquiriendo ese aire de celebración popular que trasciende el espectáculo. Más que un escenario y un programa artístico, lo que se construyó fue un espacio de encuentro donde distintas generaciones compartieron un mismo patrimonio cultural.

Las banderas argentinas flameando entre las estructuras de la Nave, los pañuelos elevándose al ritmo de las zambas y las familias ocupando cada rincón del espacio cultural terminaron de dibujar una postal que habla de identidad, pertenencia y comunidad.

La multitudinaria convocatoria volvió a demostrar que el folclore sigue encontrando un lugar privilegiado en el corazón de mendocinos y visitantes. Porque cuando la tradición se convierte en una experiencia compartida, la música deja de escucharse solamente desde el escenario y empieza a vivirse en cada abrazo, en cada baile improvisado y en cada aplauso que celebra aquello que nos une.

Con esa premisa, Peña en la Ciudad ya anticipa nuevos encuentros para seguir ofreciendo un espacio donde las raíces cuyanas continúen encontrando, domingo tras domingo, una comunidad dispuesta a mantenerlas vivas.

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